El cortijo Churripa está en Ronda. Su nombre proviene según "El diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar" de un arroyo cercano. Al describir el río Guadalcobacín dice "río en la provincia de Málaga, partido judicial de Ronda, se forma a una legua escasa de esta colinda por la parte del Norte del copioso nacimieto llamado de la Ventilla, corre por medio de las viñas de Parchite y describiendo una línea curva llega al pueblo de Arriate que divide en 2 partes, por bajo del cual se incorpora el derrame del nacimiento de la Simada: después recibe las aguas de los arroyos Churripa, Salabardo y Espejo".
Igna con su madre Ana Díaz, nieta del Churripa, en las ruinas del salón del Cortijo Churripa 28/02/19
De izquierda a derecha la madrina de Igna, Ana Ayllón, la abuela Ana , Igna, en el suelo nuestra perrita Blanca y yo 28/02/19
Como curiosidad "churripa" también aparece en esta cancioncilla popular infantil que se usaba para echar a suertes en qué bando te tocaba, por ejemplo, jugar a polis y ladrones:
"Unina, dosina,
Tresina, cuartana,
Color de manzana,
Churripa la pe (¿).
Una, dos, y tres".
El bisabuelo de Ignacio, Francisco, junto a un compadre, cuidaba y se aseguraba de que el cortijo Churripa, de ahí le viene el apodo a la familia, diera rentas a los dueños, la familia Buendía. Ellos le permitían vivir allí a cambio de su trabajo y alimentos para él y sus seis hijos (de mayor a menor Frasquita, Salvador, Curro, Ana, Laura y Pepe). En aquella época los niños trabajaban desde chicos con siete u ocho años (vigilando a los animales, acarreando agua, cuidando a los hermanos pequeños...).
Durante la guerra civil, era habitual que la guardia civil vigilará los montes en busca de bandoleros escondidos. Antiguamente iban a caballo y había grandes distancias entre pueblos, por lo que solían pedir refugio en cortijos. Más de una noche pasaron alojados en la planta de arriba la benemérita con el permiso de Francisco "el Churripa"; mientras su mujer, Ana, que era una mujer extremadamente generosa, había ofrecido cobijo a los bandoleros, sin conocimiento de su marido, en la "majá" (lugar donde se recoge de noche el ganado y se albergan los pastores).
Muchas familias acudían al cortijo en busca de un jornal, por ejemplo, las mujeres se ofrecían a blanquear el cortijo a cambio de legumbres o verduras. Dicen que por esta razón era uno de los cortijos más blancos de la zona, tanto que hoy aún lo recordaba Pepe, encargado de las tierras, reutilizadas de cepas de vid, propiedad de la bodega La melonera (bautizada así por la uva de dicho nombre, autóctona de la Serranía de Ronda, se trata de una uva rayada de tonos violetas, lo que la asemeja a un melón).
Muchas familias acudían al cortijo en busca de un jornal, por ejemplo, las mujeres se ofrecían a blanquear el cortijo a cambio de legumbres o verduras. Dicen que por esta razón era uno de los cortijos más blancos de la zona, tanto que hoy aún lo recordaba Pepe, encargado de las tierras, reutilizadas de cepas de vid, propiedad de la bodega La melonera (bautizada así por la uva de dicho nombre, autóctona de la Serranía de Ronda, se trata de una uva rayada de tonos violetas, lo que la asemeja a un melón).
Cepas de vid de uva melonera, al fondo las cocheras
Ellos fueron allí muy felices, sin pasar hambre, aunque si trabajando mucho, viviendo en plena naturaleza, rodeados de animales y sol. Por suerte, ellos no pasaron necesidad ni se vieron afectados por la guerra porque estaban alejados y tenían comida suficiente con los animales, árboles como las higueras que presidían la entrada y el huerto. Por ejemplo, los guardas del cortijo, tenían derecho a dos guarros al año, uno para cada uno. Un año un cochino se cayó por un barranco y se mató, por lo que se lo dieron a la familia, que más listos que el hambre, aprendieron el truco y cuando se les acaba la carne tiraban un cerdo por el tajo La niña, situado detrás del cortijo.
Tajo la niña

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