Durante mi infancia, pasamos una temporada en el cortijo “La Laja” (Ardales) con gran parte de la familia Mancera (los abuelos, tita Lourdes, tito Pedro y tito Salvador). El cortijo recibe su nombre por la impresionante montaña que tiene detrás. Es muy grande, tiene varias viviendas, un pajar, muchos corrales, y una monumental alberca aunque no funcionaba. Pero por suerte, el río está a solo unos metros. Eva y yo pasábamos allí tardes cogiendo renacuajos bajo el puente, que en aquélla época nos parecía altísimo.


A pocos kilómetros, aunque ya en el término municipal de Casarabonela, estaba el cortijo "La Triviña", donde también pasamos una temporada. Éste era mucho más pequeño y sencillo.
Bueno una vez situados, lo que os quería contar hoy es una gran aventura que vivimos en el invierno de 1989. Hay muchísimos refranes en el refranero español que nos ayudan en la previsión meteorológica. “En abril, aguas mil”; “Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo”; “Agua de San Juan, quita vino y no da pan.”; “Año de nieves, año de bienes”; “Cuando marzo mayea, mayo marcea”; o "A año tuerto, labrar un huerto". Sin embargo, el 14 de noviembre de 1989 ni la sabiduría popular ni los meteorólogos podían adivinar que caerían en poco más de una hora sobre Málaga capital, 160 litros por metro cuadrado. Más información en Canal Sur.
Según los registros de ese día, en el vivero forestal de Ardales cayeron 110,5 litros por metro cuadrado. Había estado lloviendo desde mitad de octubre; y así siguió hasta finales de noviembre de 1989 con numerosas tormentas. Nosotras niñas de 9 y 5 años encantadas porque muchos días se suspendieron las clases.
Volviendo al inicio de mi relato, tanto llovió que finalmente la familia quedó aislada en el cortijo "La Laja". Así lo recuerda tita Lourdes: "El día que fue una inundación grandísima, que vino el helicóptero, estábamos el abuelo, la abuela, Salvador y yo. Que yo estaba en la cama y la abuela vino corriendo cagá viva: ‘Lourdita, Lourdita, ay vaya por Dios, válgame el señor, que ha llegado un aparato, de esos que vuela, yo no me montó ahí ni loca, ay, ay, levántate’. Después vimos como se iba y traía el abuelo los bocadillos y Salvador la caja leche, que dice la abuela: ‘Mira tú una caja de leche, en vez de traernos carne, dulces o una pata jamón”.
Y así lo narra otro de sus protagonistas, mi padre Juan.
Volviendo al inicio de mi relato, tanto llovió que finalmente la familia quedó aislada en el cortijo "La Laja". Así lo recuerda tita Lourdes: "El día que fue una inundación grandísima, que vino el helicóptero, estábamos el abuelo, la abuela, Salvador y yo. Que yo estaba en la cama y la abuela vino corriendo cagá viva: ‘Lourdita, Lourdita, ay vaya por Dios, válgame el señor, que ha llegado un aparato, de esos que vuela, yo no me montó ahí ni loca, ay, ay, levántate’. Después vimos como se iba y traía el abuelo los bocadillos y Salvador la caja leche, que dice la abuela: ‘Mira tú una caja de leche, en vez de traernos carne, dulces o una pata jamón”.
Y así lo narra otro de sus protagonistas, mi padre Juan.
Entrevista a mi padre noviembre 2018
Tita Lourdes además recuerda otro día que llovió mucho “y el puentecito que no era muy alto con ná le pasaba el agua por encima, y el señor que vivía en la casa de al lado y era también trabajador del cortijo, ya estaban viviendo en Ronda con su familia, y ese fin de semana vino con su hijo Tomás Javier y como no se pudieron volver, el padre no recuerdo que andaba haciendo, seguro que arreglando el motor que nos daba luz, y nosotros mientras tanto contado historias y Javier nos hizo garbanzos frito, como si fuera palomitas, como viendo una obra de teatro o en el cine. Antes sabíamos divertirnos con muy poco “.

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