Cuando llega el otoño comienza la temporada de naranjas y mandarinas, sin duda, dentro de mis frutas preferidas. Para mí es algo inigualable y delicioso, el sabor de un zumo de naranja natural.
Hay distintos tipos de naranjas, la clasificación más básica sería la de la frutería: naranjas de mesa o naranjas de zumo. En mi casa a las naranjas de mesa las conocemos por “Washingtona” (está claro su origen ¿no?), es la más común dentro de la variedad "navel" (del inglés ombligo, por la forma de su base). Y a las de zumos las llamamos valencianas, es originaria de América también, aunque se llaman así porque Valencia es la principal región de cultivo en España.
Abuela María en la cocina del puente la cabeza, año aprox. 1982
No puedo evitar al hablar de las naranjas, hablar de mis recuerdos, no sé ni por dónde empezar, si por los sacos de naranjas que nos trae tito Salvador del canitre (conocido así porque por su falda pasa el arroyo Zarco-Canitre de Casarabonela.); las naranjas dulces del campo de "vinagre" en Ardales (asimismo, conocidas como cañadú o tontas), o las tardes con mi madre, haciendo roscos, números, palos, pelotas y otras figuras fritas. Seguramente de esas tardes con ella me venga mi afición por la cocina. Es una receta sencilla y están buenísimos.
Roscos fritos de naranja (receta de mi abuela María)
Mezclar en este orden:
1/2 vaso de huevos
1 vaso de azúcar
1/2 vaso de zumo de naranjas sin colar
1/2 vaso de aceite de oliva
1 vaso y 1/2 de harina (la que admita)
Canela
Ralladura de un limón y ralladura de una naranja
1/2 sobre de levadura
1 cucharada de bicarbonato
1 chorreón de leche
Amasar con las manos hasta que la masa quede manejable y no se pegue. Dar forma a los roscos. Antes de freírlos al gusto, en el aceite de oliva, freír una corteza de limón. Poner sobre un plato y espolvorear con azúcar.
¡Buen provecho!

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